La ingeniería de protección pasiva gana peso ante la complejidad de los nuevos edificios
La protección pasiva contra incendios está dejando de ser una disciplina centrada únicamente en productos y soluciones constructivas para convertirse en un ámbito cada vez más ligado a la ingeniería, el análisis técnico y la validación de prestaciones. Esa es una de las principales conclusiones del artículo elaborado por Rafael Sarasola, responsable del Comité de Ingeniería, Instalación y Mantenimiento de Sistemas de Protección Pasiva de Tecnifuego, en el que analiza cómo están evolucionando las exigencias de seguridad en los edificios.
El autor sostiene que la eficacia de la protección pasiva no depende solo de disponer de materiales o sistemas certificados, sino de un diseño adecuado, una correcta instalación, la trazabilidad documental, la supervisión técnica y un mantenimiento especializado. Una realidad que se hace especialmente visible en proyectos complejos, donde cada vez son más habituales los estudios prestacionales, las simulaciones de incendios o las soluciones técnicas alternativas.
El artículo también aborda el impacto que están teniendo nuevas tecnologías y sistemas constructivos, como las baterías de ion-litio, las instalaciones fotovoltaicas, las fachadas ventiladas o determinados materiales empleados para mejorar la eficiencia energética de los edificios. Según explica, estos cambios están introduciendo escenarios que requieren herramientas de análisis más avanzadas y una mayor especialización técnica.
La reflexión se completa con una llamada a seguir avanzando en la profesionalización del sector y en el desarrollo de una formación específica en protección pasiva, al tiempo que reivindica el papel de la ingeniería como elemento clave para garantizar la eficacia real de las soluciones frente al incendio.