Necesidad de asegurar la protección contra incendios en los edificios anteriores al Código Técnico de la Edificación (2006)

Los fondos europeos de Recuperación y Resiliencia, una oportunidad para el sector de la seguridad pasiva

Autor: Albert Grau, director Área de Pasiva. TECNIFUEGO, Asociación Española de Sociedades de Protección contra Incendios
Publicado:
12-04-2021
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¿Qué hemos aprendido de los últimos incendios en edificios en altura? Me gustaría que todos reflexionáramos sobre la seguridad contra incendios que deben aportar los elementos de protección pasiva en las edificaciones, basándome en dos sucesos que han provocado intensos e interesantes debates en pro de la seguridad. Me refiero al incendio en la Torre Ámbar (Madrid) y al que arrasó con la Torre Grenfell (Londres).

El pasado 29 de agosto ardía la Torre Ámbar, un edificio de tan solo 10 años de antigüedad, de 78 metros de altura y 21 plantas, en la zona Pinar de Chamartín, de Madrid.

Aunque afortunadamente no hubo que lamentar daños personales, el edificio quedó afectado, principalmente en la fachada, y con daños importantes en 8 viviendas.

El jefe de guardia de Bomberos de Madrid, Ricardo Jiménez, declaró que “el fuego en zona de cubierta era "muy espectacular" porque se propagaba por la fachada y ha sido sofocado primero desde el interior del edificio y posteriormente desde el exterior, donde ha sido "fundamental" el trabajo por medios aéreos para cortar su propagación”.

En este lamentable suceso ha quedado patente que los edificios construidos sin las exigencias del CTE-DBSI de 2006 no garantizan la seguridad de bienes y personas. De hecho, transcurrido un tiempo que nos ha permitido el análisis, y gracias a los debates entre expertos, podemos afirmar que la Torre Ámbar tuvo la suerte de disponer de un aislamiento no combustible, reduciéndose la propagación por fachada al no aportar carga de fuego. Felicitémonos por ello. Pero ¿todo lo construido o rehabilitado antes de 2006 dispone de una seguridad “razonable” acorde a las exigencias reglamentarias actuales? Esta es la duda, y sobre ello debemos reflexionar.

Como argumento, de un tiempo a esta parte, en Reino Unido existe una corriente social (y recogida por algunos partidos políticos) que pretende erradicar edificios que puedan repetir la desgracia de la Torre Grenfell (14 junio 2017, y dejó 71 fallecidos).

En este sentido, desde el Gobierno de Reino Unido se va a dotar de un “fondo de rehabilitación” para acometer las obras necesarias que aseguren la protección pasiva en los edificios de titularidad pública que lo necesiten. Sin embargo, no parece que este fondo pueda llegar a todos los edificios ni tipologías de propiedad (p.e. los que como titulares tienen a diferentes propietarios). Y en estos casos, ya se está levantado la voz en el sentido de: “¿por qué a ellos no?”.

Desde luego, el suceso Grenfell ha marcado un antes y un después en las exigencias de protección contra incendios de los edificios. Es un tema que ha llegado a su Parlamento y algunos partidos abogan por que los costes sean asumidos por la industria en general y toda la cadena de valor, con frases del tipo “los propietarios deben contribuir a los costes masivos de rehabilitación, junto con los arquitectos, contratistas, proveedores y reguladores”. No parece un fácil acuerdo.

Volviendo a España, nos asalta una cuestión ¿tendría sentido hacerse la pregunta sobre si se deberían subsanar algunas actuaciones en edificios, como en UK, mediante planes específicos resultantes de unas certificaciones/evaluaciones que pongan sobre la mesa la seguridad de nuestro parque edificado? Quizás no en la totalidad del parque, pero no es descabellado proponer una mejora de la protección pasiva contra incendios, en algunas tipologías de edificios, ya sea por su uso ya sea por su altura, etc. Abramos el debate.

Esta petición, se justifica por las razones de seguridad y protección de las personas y bienes, ya mencionadas, y por otras, de índole circunstancial. En el momento actual, en el que la sostenibilidad y la transición ecológica están presentes en todos los debates sobre la recuperación económica tras el impacto COVID-19, parece necesario abordar desde esta perspectiva la rehabilitación edificatoria que además contribuirá a la reactivación económica del sector.

Así, durante el periodo de convivencia con el COVID-19 hemos detectado que nuestros hogares ni son tan operativos, ni confortables, ni funcionales, ni saludables como esperábamos (1 de cada 5 españoles ha pensado en cambiar de vivienda), pero pocos se han preguntado si son seguros. Echamos en falta un gran debate a todos los niveles -públicos y privados- sobre la seguridad de nuestros edificios.

Por ello, creemos que es un buen momento para plantear si el uso de los fondos europeos #NextGenerationEU, que han de relanzar la economía en el próximo quinquenio, podrían servir en parte para “subsanar errores en nuestros edificios en lo que respecta a la seguridad” como se hará en Reino Unido. Es el momento de retomar la antigua Inspección Técnica de los Edificios (ITE), y que contemple un análisis experto y dictamine si el edificio es seguro contra el fuego. Igual que se ha ido evolucionando hacia la medición de otros parámetros, como la eficiencia energética o la acústica en algunas CC.AA.

Desde TECNIFUEGO, Asociación Española de Sociedades de Protección contra Incendios, estamos convencidos de que esta es una gran oportunidad para plantear la necesidad de reforzar la protección pasiva. Igual que está siendo obligatorio implementar la eficiencia energética en los edificios, cuya intervención reactivará la rehabilitación y las reformas, ¿por qué no aprovechar el momento y supervisar y reforzar los elementos de la protección pasiva contra incendios, como fachadas, vías de evacuación, compartimentación, sellados?

Esta supervisión de las instalaciones de protección pasiva nos permitirá afianzar la seguridad de nuestros edificios, y adaptarlos -si es el caso- a las exigencias normativas actuales, en un claro beneficio entre seguridad y sostenibilidad. Con estas inspecciones, podremos mejorar los parámetros que se vean vulnerables o hayan sido dañados por el tiempo o sustituir algunos  materiales que a fecha de hoy no serían adecuados. Todo ello con el fin de minimizar el riesgo mediante la reducción y control de la propagación del fuego, facilitar las labores de los bomberos y mejorar la evacuación de las personas del edificio en caso de incendio.

Desde TECNIFUEGO alentamos a tomar decisiones valientes que beneficien la seguridad de los edificios. Implementar las inspecciones, realizar las obras necesarias para restituir los elementos en seguridad que hayan quedado obsoletos, realizar los mantenimientos de los sistemas de protección pasiva, o su sustitución si procede.

Volviendo a la Torre Ámbar, y a la vista de la foto, se han repuesto las partes dañadas, entendemos que en base a la seguridad exigible, pero ¿se han sustituido aquellos materiales que no resultaron afectados y que en su momento propagaron el incendio? ¿Creéis que ha mejorado en algo?

Nuestros edificios deben ser más sostenibles, pero también más seguros. Estamos en un momento óptimo para apostar también por la seguridad. Por ello, creemos que “En rehabilitación, los materiales de protección pasiva garantizan la seguridad”.

REHABILITACIÓN= Protección estructural+ Protección contra incendios+ confort+ eficiencia térmica 

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